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Carmelo M. Bonet

Las Escuelas Literarias
 

POR QUÉ ENVEJECEN LAS ESCUELAS LITERARIAS

Existen varios factores que contribuyen a la caducidad de las escuelas. El primero de todos: el cambio de la "temperatura moral", de la sensibilidad colectiva. El tiempo camina y, como todo en el mundo, el clima social se modifica. Los acontecimientos se suceden sin interrupción y producen mudanzas correlativas en la menera de sentir y de pensar de las gentes. Mudanzas imperceptibles y constantes como el avance de la vejez. En pocos años varían las costumbres, se modifican las modas, cambia la ideología, la manera de enfocar la vida, cambia la moral corriente: hoy se tolera lo que ayer se repudiaba o viceversa. El padre y el hijo no dialogan, pues hablan idiomas distintos.

Consecuencia: se trasmuta la fisonomía del arte, pues el arte va proyectando como una pantalla todas esas variaciones. Los productos estéticos que satisfacían a la generación pasada, no satisfacen a la actual. Aquello es historia antigua, "pasatismo". Se desea otra cosa. Lo que hacía llorar en su juventud a nuestras abuelas, hoy hace reír a la chica que se divierte en las boîtes. Estas alternativas del gusto llenan de cadáveres el cementerio de la literatura.

Uno de los eventos que modifica el andar felino de las horas es la guerra, cataclismo que lo trastrueca todo y que origina una neurosis colectiva, que el arte de post-guerra siempre registra. De ahí surgen formas demenciales, como las que superabundan en el arte contemporáneo. En cambio, cuando se suceden años y años apacibles -como el largo treinado de Luis XIV- prospera el arte clásico.

A propósito del romanticismo, observamos cómo circunstancias sociales determinaron la aparición del "hombre sensible", de generaciones de melancólicos, de solitarios, de soñadores, de masoquistas, de "pelícanos": hombres y mujeres que se complacían en roer sus propias entrañas.

Poco tiempo después, a partir de 1850, la situación social es otra. Adviene una era de grandes inventos. El maquinismo lo invade todo. El dinero es el eje de la conducta. La filosofía positiva remplaza a la hegeliana del período romántico. La gente vive de otra manera, se ha aburguesado. Las pasiones se atemperan. Los idealistas aterrizan. Ahora lo que todo el mundo desea es comer bien, vivir confortablemente y amar a la manera de los amantes de Madame Bovary, sin muchos dibujos ni languideces lacrimosas. El hombre sensible es desalojado por el gozador de la vida, por el hedonista.

El arte refleja este cambio de atmósfera y surge el realismo como su lenguaje estético natural, escuela que con distintas denominaciones 8costumbrismo, verismo, naturalismo, retratismo) prevalece hasta la guerra del catorce.


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