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Panorama de la pintura argentina contemporánea

Introducción - Evolución de la pintura moderna en la Argentina -

El impresionismo en la Argentina - El grupo de París - Artistas independientes

Neorrománticos -

 

Evolución de la pintura moderna en la Argentina

Las artes plásticas argentinas, antes de lo que podría llamarse revolución moderna, se caracterizan por la utilización, con mayor o menor eficacia, de los moldes académicos, sistema que prevaleció durante todo el transcurso del siglo XIX.

La evolución del arte moderno en la Argentina puede considerarse dividida en tres períodos fundamentales, a los que es necesario sumar una fase preparatoria señalada por la aparición del impresionismo a comienzos del siglo.

El impresionismo llegó tarde a nuestro país. Fue introducido por un pintor de verdadero talento, Malharro, y rápidamente ganó adeptos convirtiéndose en una forma más de academicismo. Contra la rigidez académica de los pintores impresionistas, además de los académicos y Pompiers ya tradicionales, tuvieron que luchar los componentes de la primera vanguardia argentina.

El primer período de la pintura de vanguardia argentina corresponde a los artistas que en la segunda y tercera década del siglo, un poco antes del 20 y hasta el 30 viajan a París y sufren la influencia de los pintores llamados de la "Escuela de París". De esta pléyade se destacan Petorutti, que aporta la experiencia cubista y sigue la línea del cubismo sintético de Juan Gris; Xul Solar con una figuración fantástica muy personal, y ciertos puntos de contacto con Klee; del Prete que muestra una figuración fauve y se constituye en el antecedente de la segunda vanguardia por haber realizado en París las primeras experiencias netamente abstractas; Berni que trae los primeros cuadros, resultado de sus experiencia surrealistas y Spilimbergo que se inclina hacia la línea neoclásica defendida por el grupo italiano de "Valori plastici".

Estos artistas son los más importantes de la primera vanguardia y revelan la variedad de tendencias con que se inició la pintura moderna en la Argentina.

El segundo período corresponde a la irrupción de la abstracción, y se desarrolla a partir de 1944. Esta abstracción inicial fue fundamentalmente geométrica, y se caracteriza por dar la espalda a los representantes argentinos de la primera vanguardia, e inspirarse en cambio en la obra y la prédica teórica del gran artista uruguayo Torres García. Su comienzo está señalado por la aparición del único número de la revista "Arturo", y significa la eclosión y predominio del arte concreto o constructivismo. Hacia 1959 se inicia en el país el violento desarrollo de la abstracción lírica que parece prevalecer momentáneamente sobre las otras tendencias.

Entre el primero y segundo período hay una generación intermedia , a ratos bastante indecisa, que se orienta en general hacia la realización de procedimientos neocubistas, pero que revela algunos pintores de real mérito.

El tercer período, muy reciente, se caracteriza desde el punto de vista exterior, por la ruptura de los límites entre figuración y abstracción, y desde el punto de vista más profundo por una ruptura con la tradición del buen gusto que pareció dominar en los dos períodos anteriores, y más que nada por el sentido de la libertad total para la creación que no se considera subordinada a ninguna norma ni principio a priori. Está señalado, hacia 1962, por la aparición del grupo "Nueva figuración" que forman Macció, Noé, De la Vega y Deira, la posterior aparición de las tendencias pop, y de los creadores de objetos (Renart, Marta Minujín y Santantonín) Contemporáneamente se observa una renovación de las tendencias derivadas del arte concreto; especialmente las cinéticas, las modalidades op y la nueva abstracción.

Como toda clasificación, ésta recoge solamente las líneas dominantes en determinados momentos, pero se sobreentiende que siempre existen grupos de artistas y especialmente individualidades aisladas que escapan a este intento de clasificación.

La primera vanguardia, a pesar de chocar con el gusto general en su momento, no se encontró aislada; tuvo la ayuda , por un lado de la "Asociación Amigos del Arte" (institución que desarrolló una extraordinaria tarea de promoción de las tendencias modernas en las artes plásticas y la música, desde su fundación en 1924, hasta su desaparición en 1937), y por otro lado, la del periódico "Martín Fierro" y el núcleo de sus colaboradores.

La segunda vanguardia a partir de la revista "Arturo", transitó en sus comienzos en un ambiente mucho más hostil, con la resistencia o indiferencia de los componentes de la primera vanguardia, y con la repulsa casi total del público y la crítica. Pero esta situación se fue paulatinamente mejorando y diez años después de la aparición de "Arturo" los artistas concretos comenzaron a ser considerados seriamente.

La tercera vanguardia (desde la nueva figuración) encontró preparado el ambiente y hoy las cosas resultan fáciles (demasiado fáciles, quizás) para todo joven artista que intente cualquier tipo de experimentación, por descabellada que parezca. Este cambio en la situación obedece a un conjunto de factores, entre los cuales es importante el de la movilización a un nivel económico de primer plano de una clase industrial más alerta, que se interesa por realizar la promoción de los nuevos artistas (especialmente a través del Instituto Di Tella y de Industrias Kaiser Argentina) La promoción de estos artistas se ve estimulada también en los últimos años por la posición favorable a las vanguardias de los directores de museos: en el Museo Nacional de Bellas Artes, primero Jorge Romero Brest, luego Samuel Oliver, en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, primero Rafael Squirru y luego Hugo Parpagnoli.

Hoy, un público numeroso y entusiasta acude a las manifestaciones de arte de vanguardia, y el índice de su real popularidad está dado por el apoyo que le presta la prensa amarilla. Un intenso movimiento comercial se ha establecido a través de alrededor de cincuenta galerías de arte. Son signos alentadores y al mismo tiempo peligrosos. Todo ese terreno favorable permite la proliferación de los artistas, pero también de los mistificadores.


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© Helios Buira

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