Mi Sitio - Presentación - Axiomas - Pinturas - Textos - Entrevistas

◄Volver a Inicio


DIVULGACIÓN CULTURAL

Cuentos - Filosofía - Música - Otros Textos - Museos y Galerías - Enlaces al arte

 
OTROS TEXTOS
Se irán agregando autores de manera permanente
 

Víctor E. Frankl

 
Estación Auschwitz - La primera selección - Desinfección - Nuestra única posesión:
 
Primera fase: Internamiento en el campo
 
Tomado del libro El hombre en busca de sentido
 

Nuestra única posesión: la existencia desnuda.

Mientras esperábamos a ducharnos, nuestra desnudez se nos hizo patente: nada teníamos ya salvo nuestros cuerpos mondos y lirondos (incluso sin pelo); literalmente hablando, lo único que poseíamos era nuestra existencia des nuda. ¿Qué otra cosa nos quedaba que pudiera ser un nexo material con nuestra existencia anterior? Por lo que a mí se refiere, tenía mis gafas y mi cinturón, que posteriormente tuve que cambiar por un pedazo de pan. A los que teníamos braguero les estaba reservada todavía una sorpresa más. Por la tarde, el prisionero veterano que estaba a cargo de nuestro barracón nos dio la bienvenida con un discursito en el que nos aseguró bajo su palabra de honor qué, personalmente, colgaría "de aquella viga" -y señaló hacia ella- a cualquiera que hubiera cosido dinero o piedras preciosas a su braguero. Y orgullosamente explicó que, como veterano que era, las leyes del campo de daban derecho a hacerlo.

Con los zapatos hubo también sus más y sus menos. Aunque se suponía que los conservaríamos, los que poseían un par medio decente tuvieron que entregarlos y a cambio les dieron unos zapatos que no les servían. Pero los que estaban en verdadera dificultad eran los prisionesros que habían seguido el consejo aparentemente bien intencionado que les dieron (en la antesala) los prisioneros veteranos y habían cortado las botas altas y untado después jabón en los bordes para ocultar el sabotaje. Los hombres de las SS parecían estar esperándolo. Todos los sospechosos de tal delito pasaron a una pequeña habitación contigua. Al cabo de un rato volvimos a oír los azotes del látigo y los gritos de los hombres torturados. Esta vez el castigo fue bastante tiempo.


Subir

© Helios Buira

Desde el Arte
Medio alternativo e independiente de información cultural

En la Web, desde el año 2001
Barrio de San Nicolás - Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Correo:
buzon@heliosbuira.com
Este Sitio se aloja en REDCOMEL Un Servidor Argentino