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Hernán Bermúdez |
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Sobre Lajos Szalay | ||
Al ver la obra gráfica del
dibujante húngaro Lajos Szalay y su huella imborrable en la
plástica argentina, la presencia del dolor y la denuncia de la
opresión en sus temáticas, reflexiono sobre el singular caso de
este artista, profusamente conocido en ámbitos académicos
locales (también en Hungría, su tierra natal, y en Estados
Unidos, donde triunfara en su madurez), pero poco conocido para
el gran público.
Su historia es la de un artista
que sufrió las consecuencias del levantamiento contra la URSS en
su tierra natal, la muerte de sus padres en forma violenta, y
que transformara esta historia triste en obra plástica, en su
serie Tragedia húngara. Había llegado a la Argentina en 1948
(previo paso por París), con una beca de la Unesco, y de allí
fue a Tucumán, donde se organizó el Taller de Pintura del
Instituto Superior de Artes de la Universidad Nacional de
Tucumán, bajo la conducción de Lino Enea Spilimbergo y la
dirección de Guido Parpagnoli. El cuerpo docente contaba con
personalidades tales como Víctor Rebuffo, Ramón Gómez Cornet,
Pompeyo Audivert, entre muchos otros brillantes artistas y
docentes. Fue uno de esos momentos en que confluyen las fuerzas
de manera mágica, para lograr algo superior.
También fue docente, años después,
en Buenos Aires. Mis maestros Osvaldo Attila y Georgina Labró
(que fueron sus alumnos) me hablaron de su marca en la plástica
y la didáctica nacionales. Y como otro de sus legados podemos
encontrar, sin dudas, la determinación de la disciplina dibujo
como ente con valor propio, como disciplina en sí, y no
únicamente como camino hacia la concreción de una obra de otra
rama del arte.
Su huella la podemos observar en
la influencia en diversos artistas, tales como Carlos Alonso y
Aurelio Salas (quienes estudiaran en Tucumán en la época de
Szalay docente), Páez, Attila, Presas, Cogorno, y muchos otros.
Compartió temas con Picasso, como los sátiros y el erotismo, y
también tiempos de estudios en París; el mismo malagueño dijo
que, después de él, el húngaro era el más grande dibujante.
Mirando con detenimiento sus
trabajos, vemos el trazo nervioso y seguro, el automatismo de
quien domina las formas y puede permitirse esa fluidez, dibuja
como quien habla, sin pensar en la sintaxis, pero su decir
plástico es de una inteligencia tremenda. La obra que la ciudad
de Buenos Aires tuvo el privilegio de observar en la muestra
realizada en el museo Sívori nos presenta un artista en su
madurez, en el dominio pleno de su lenguaje y de su oficio, y a
la vez con una capacidad de comunicación muy grande, no
hermético, manejando temas relativos a la antigüedad clásica, la
religión, el horror y la ridiculez de la guerra, así como temas
literarios para ilustrar La metamorfosis de Kafka, Impresiones
de un inmigrante, El Génesis, etc.
Su presencia, su mención, es una
obligación y un derecho para quienes estamos en el camino de las
artes visuales y la docencia; su obra es testimonio de la
perdurabilidad de la idea visual, de la inteligencia y la
sensibilidad.
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A este inmenso artista, muchos
pero muchos otros, lo han "interpretado" (lisa y llanamente
copiado) para luego ser notorios. Lajos Szalay, murió casi en el
anonimato. H.B.
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© Helios Buira
San Cristóbal - Ciudad Autónoma de Buenos Aires 2017
Mi correo: yo@heliosbuira.com