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Martín Buber ¿Podríamos decir lo mismo respecto de una obra artística? El artista crea desde su propia subjetividad, desde su introspección y en su propio aislamiento. En esa zona Solitaria y Sublime, con su todo a cuestas, llegando por momentos a un estado de negación de su propio yo, él se introduce en el soporte que albergará la obra y una vez que sale del "trance", se regresa, puede reconocerse nuevamente. En ese instante comienza un diálogo profundo con eso que hizo afuera de sí, pero que llegó desde el núcleo de su alma, como lo ha dicho Agustín de Hipona allá por el año 300. Artista y obra en diálogo de preguntas, respuestas, intercambio y finalmente la identificación: firma su obra. Se hace cargo de ella. Previo a eso, la lucha fue casi de pavor. Tarea titánica. Poner, sacar, volver a poner, dudar, de repente un atisbo ilumina y entonces el pincelazo impregnado del color exacto que debe ir allí y sólo allí, para confirmar que esa zona no será tocada en el resto del desafío. Continuando con Buber, debe entenderse como algo primordial que el hombre verdadero no es el hombre aislado, sino el hombre con el hombre. Y yo acabo de decir algo así como que el artista es un ermitaño. Lo sostengo. Puedo aceptar, de algún modo, que el artista, siendo un «extraño» geográfica y psicológicamente hablando, conserva espíritus afines de su tiempo. Relacionados o no entre sí. Algunos dicen que Kawamura Tokitaro a quien nosotros conocemos como Hokusai, nació en septiembre de mil setecientos sesenta. Que viene a ser entonces, contemporáneo de Francisco Goya y Lucientes, nacido en marzo de mil setecientos cuarenta y seis. Hokusai, en el barrio de Wariquesui, distrito de Honjo. Goya en el pueblo de Fuendetodos, en Zaragoza; uno en Japón, el otro en España. ¿Habrán sabido ellos de la existencia de cada uno? ¿Habrán tenido contactos entre sí o conocido sus obras? No sé de escritos ni textos que me den una orientación respecto de estos interrogantes pero sí he visto sus obras y siento que un espíritu afín los recorría. Cual puede ser la diferencia entre los monstruos de Hokusai con los de Goya cuando éste se mete con los sueños de la razón. Claro, la diferencia es la impronta digital de cada uno, la identidad que convoca para poder gozarlos individualmente en sus respectivas obras. Llegad a este punto, vulevo al inicio cuando Buber sostiene que una persona aparece en la medida en que ella entra en relación con otras personas. Y digo que la obra del artista es la que entra en relación con otras personas. No sólo en el momento de su creación, sino, aun despues de la muerte de su creador, ella sigue un camino, un recorrido que puede durar siglo, o milenios, como podemos apreciar si hablamos de la Venus de Willendorf, más de cuarenta mil años sobre el planeta, O Donatello, que lleva en el mundo más de seiscientos años y podría mencionar hasta el cansancio las obras que habitan en el planeta. ¿Pero entran estos artistas en relación con otras personas para lograr su existencia, como bien lo dice Buber? O lo hacen a través de sus obras. Una persona fallece, y ya no hay más relación con otras personas, por lo cual no hay más existencia. Un artista fallece y su obra permanece como identidad. Cuando vemos una pintura de Van Gogh, decimos: es Van Gogh. Escuchamos una sinfonía y decimos Beethoven. Es extraño esto de que un hombre que crea en su propio aislamiento, se "relacione" con tantas personas al mismo tiempo, a través de años, de siglos, de milenios. |
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© Helios Buira
Barrio de San Nicolás - Ciudad Autónoma de Buenos Aires 2019
Mi correo: buzon@heliosbuira.com