EL
PUNTO Y LA LÍNEA.
Para quienes transitan por el universo de la simbología, el Punto,
es el padre de todos los símbolos y el comienzo del Universo.
Al agruparse en continuidad una cantidad de puntos, lo que aparece,
es la línea. Claro, luego Paul Klee diría que la línea aparece
cuando el punto se traslada, se desplaza y es así que se manifiestan
todas las formas
El punto es en sí. Comienzo y fin. Inexorable.
Todo comienza con un solo punto. En el momento en que la artista o
el artista apoyan el lápiz o el pincel sobre el soporte, lo que está
poniendo es un punto y a partir de ese momento, vendrá la creación
de la obra, el recorrido del punto que irá proponiendo las formas.
Carl Jung llamaba a este punto central, minúsculo, «el símbolo de un
misterioso centro creativo de la naturaleza».
Es lo menor visible a los ojos. Una brevedad, una concentración. Y
como podría decir el inmenso poeta Máximo Simpson «este silencio,
esta minucia, que resplandece aún ante mis ojos».
En el arte rupestre, el arte de Aquellos Primeros, aparecen en
muchos muros, varios puntos diseminados por distintas partes
cercanos o rodeando una figura; o sea, Aquellos, ya le estaban dando
al punto un significado, que nosotros no podemos develar. Pero que
algo significan, es seguro.
El punto no tiene abajo ni arriba. Es un centro, un núcleo.
Pero hay otro punto: el Círculo, que no es otra cosa que una línea
curva que se prolonga hasta volverse a encontrar. El círculo es un
punto extendido y sus propiedades son también comunes a las del
punto: perfección, igualdad, ausencia de división o de distinción.
El círculo se considera en su totalidad indivisible, sin movimiento,
sin comienzo ni fin y sin variación alguna. De modificarse, deja de
ser un círculo. Es también en sí mismo, como el punto, pero a
diferencia de éste, está construido por una línea, que no es otra
cosa que un punto que se ha desplazado.
Para Kandinsky, «el punto resulta del choque del instrumento con la
superficie material, con la base, yo agrego con el soporte.
La base puede ser de papel, madera, tela, estuco, metal, etcétera.
La herramienta puede ser lápiz, punzón, pincel, pluma, aguja, etc.
Mediante el choque, el soporte queda fecundado.»
Y sigue Kandinsky: «El concepto exterior de punto es, en pintura,
impreciso. El punto geométrico invisible deviene aquí material,
adquiere necesariamente cierto tamaño, recubre una determinada
superficie. Además consta de ciertos límites que lo aíslan de
aquello que lo rodea. Todo lo cual se sobreentiende y parece un
principio muy sencillo, pero aún en estos casos simples se choca con
imprecisiones que nos remiten al estado embrionario de la actual
teoría del arte.» |