El
artista se desliga de la obra, en el momento en que la da por
terminada.
Por otro lado, la observadora o el observador, generalmente quieren
encontrar un significado, algo que están buscando, sin tomar a la
obra por lo que es, tratando de definir o analizar lo que están
viendo. Pero la obra es eso que está ahí y la mirada del
concurrente, no la modifica. El Guernica, de Picasso, es lo que
vemos al observarlo, por más interpretaciones que intentemos desde
nuestra subjetividad.
El artista quiere pintar, sólo eso. Y pinta. Crea las formas que
serán la obra, aunque a veces no sepa qué es lo que va a pintar.
Pero pinta. Crea. No tiene ninguna razón para hacer eso que hace
sobre el soporte. Son sensaciones que le llegan desde muy adentro,
el sentir y dice: "Sentir... Sentir... Sólo sentir ¿No es
maravilloso?" Había escrito Guzí, en la pared del taller. Y de qué
otra cosa puede tratar el arte.
La artista, el artista, toman la herramienta y luego ven lo que
pasa. Es otra cosa; la expresión que sucede. Más que planificar,
dejan que la cosa suceda. Y sucede.
Crear, es una actividad espontánea que se da día a día. Lo que sale,
sale. Incluso, en los intentos de modificar eso que salió, sucede de
la misma manera: espontáneamente. |